Meridiana

Hola, hola!

El jueves 4 de mayo fue un día que no creo que olvide nunca. A y yo fuimos a mi ginécologa, para la primera eco tras la beta positiva (semana 6 de embarazo). Estábamos muy, muy nerviosos, cómo os podéis imaginar…. teníamos muy presente la eco del año pasado, en la que me dijeron que mi embrioncito se había parado y tuvieron que hacerme un legrado.

Mi gine, muy amable y muy atenta, a pesar de que tenía la agenda llena, nos hizo un hueco, ella sabe mi historial, y no quiso que “sufriera” más de la cuenta. Al subir al potro, A se puso a mi lado, y empezó la juerga. En la pantalla, vi una bolsita negra, y en ese momento supe que estaba todo bien. No me digáis porqué, pero mi intuición me dijo que estuviera tranquila, que iba todo bien. Luego, vimos a la lentejita, y… le escuchamos el corazón.

Me puse a llorar de la emoción, y también para liberar los nervios, y mi gine acariciándome la pierna, A emocionado y agarrándome fuerte la mano…. Vamos, que para resumir, está todo perfecto y en la semana 8 me volverá a hacer otra eco, que, si os soy sincera, me inquieta, porque cada vez que me subo a un potro de esos no puedo evitar sentir algo de temor.

Con A….. buf, en una nube. A pesar que nuestra vida sexual se ha reducido a 0 (entre que no tengo ganas, y que me da algo de miedo, hace al menos unas cuantas semanas que no tenemos sexo), sentimos que ha merecido la pena la abstinencia. Ya le he dicho que hasta que no recupere la seguridad (y el deseo), no quiero hacer nada. Ya sé que hacer el amor durante el primer trimestre no es perjudicial, pero mi embarazo no es un embarazo espontáneo, y no puedo tener la tranquilidad que tiene una mujer que se ha embarazado sin tratamiento. Las que sois madre por FIV sabéis de lo que hablo, ¿verdad?

Al mismo tiempo, seguimos con esta alegría contenida, porque aunque hemos pasado otra etapa más, hasta que no lo tengamos en brazos, no voy a respirar tranquila.

Y así estamos…. llevo unos tres/cuatro días con náuseas y malestar en el estómago, por no hablar que tengo un dolor de tetas que no me puedo poner ni bocabajo cuando duermo, sabor metálico en la boca, a veces me mareo…. Són síntomas incómodos, sí, pero… ¡le pedí tantas veces a Dios tener esos síntomas! y al notarlos me tranquilizo, porque al menos me da la sensación que está todo bien, y que mi lentejita sigue creciendo, y qué narices, es lo que tiene estar embarazada.

Nos leemos en la próxima! ❤

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