On my way

A A lo conocí en mi lugar de trabajo. Él trabajaba en el turno de noche de mi empresa, y un día vino por la tarde (que es mi turno) a ver a un compañero común y coincidimos.

Estaba un poco enfadado, se le notaba en la cara, y yo, que soy muy sociable e intento ser simpática, le saludé amablemente, y cuando me respondió con un gruñido, pensé: “Jo, que chico más guapo, pero es un borde… menos mal!”. Y dije menos mal porque en aquella época tenía una relación muy estable y muy seria con otro chico, P, con el que llevaba casi 7 años de relación.

A los pocos meses, A y yo empezamos a coincidir a diario en la empresa y a tener charlas porque descubrimos que nos gustaba muchísimo a los dos un grupo de música un poco raro y una serie de animación manga, y ahí empezó todo.

Sabía que ese chico me atraía, pero no era la primera vez. Al llevar tanto tiempo con P, ya me había pasado el conocer a otros chicos que me hicieran tilín, pero como estaba muy segura de mi relación con él, pues no hacía caso, y sabía que sería un capricho pasajero. Per con A fue distinto. No sólo me parecía un chaval súper atractivo, sino que además era (es) inteligente, agradable, cariñoso, respetuoso… vamos, que poco a poco me fui colando por él como una colegiala. La gracia estaba en que yo estaba segura que también le gustaba mucho a él. No me preguntéis cómo, pero tengo un sexto sentido: cuando a alguien le gusto (sea hombre o mujer), lo noto.

Estaba segura, pero claro, no habíamos hablado nada A y yo, así que jugábamos a ser compañeros de trabajo y poco más… lo raro era que cuando nos veíamos nos pasábamos juntos mucho rato, charlando, cuando él llegaba yo iba a buscarle con cualquier excusa, me quedaba más rato una vez finalizaba mi horario laboral sólo por estar con él… en aquella época no era consciente, pero ahora, cuando ha pasado tanto tiempo, me doy cuenta que todo lo que hacía era porque quería estar con él.

Después de unos meses de tonteo, dónde cada vez era más evidente que A y yo nos gustábamos, quedamos para ir al cine. No le dije nada a P, porsupuesto. Empezaría a hacerme preguntas, y no tenía ganas de justificarme. Las cosas en casa seguían igual que siempre, y este flirteo con A me daba mucha vidilla, no os voy a engañar.

En el cine no pasó nada (malpensad@s), sólo nos cogimos de la mano, con la excusa que hacía mucho frío en la sala y las tenía heladas. Estuve nerviosísima durante toda la proyección, con mucha tensión sexual. En ese momento me lo habría tirado sin miramientos (y podría haberlo hecho, porque la sala estaba vacía). De camino a nuestros coches, justo antes de separarnos, le miré y dije: “Si no hago esto, reviento”, y le di un beso torpe, nervioso y lleno de deseo. Él me respondió con la misma pasión, y buf! Fuegos artificiales!

Estuvimos un mes liados a escondidas. Luego hubo un happy ending, pero antes pasaron muchas cosas que ya contaré otro día.

Nos leemos en la próxima! ❤

 

 

 

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