We will rock you

En mi segunda FIV/ICSI decidí ir preparadíssima: me busqué una asesora de fertilidad (quizá algunas la conozcáis: Psicofertilidad Natural). Ella me pidió hacer unos cuantos análisis (FSH, insulina, vitamina d….) y cuando tuve resultados, me recomendó suplementos y vitaminas, algún cambio en la dieta…

Emocionalmente me sentía muy preparada, ahora ya sabía a lo que me enfrentaba, no iba con el desconocimiento de la primera vez. Y durante la estimulación, me sentí bastante bien, nada de síntomas malos (inflamación, mareos, etc.). En la punción (hacia marzo) conseguí 5 óvulos: 1 no era maduro, y fecundaron 4. De ahí me transfirieron dos embris de calidad A (ue!! campeona!), y los otros dos no llegaron a blastos, pero estaba tranquila, porque sabía que los AA eran mis campeones.

La betaespera fue también muy buena: tenía un buen presentimiento, algún síntoma de embarazo, que se confirmó el 23 de marzo con la llamada de la gine de la SS: “Como estás?” “Muy nerviosa y algo mareada” “¡Pues es normal! Felicidades! Estás embarazada!”. A tomar progesterona como si no hubiese un mañana.

El día de la beta A. no fue a trabajar y cuando recibí la llamada, creía que el corazón se me iba a salir del pecho. Al colgar, lloramos de alegría, y me subí inmediatamente a mi nube. Ese mismo viernes empezaba mis vacaciones de semana santa, y teníamos planificado un viaje a Francia, y os podéis imaginar qué alegría, que amor, que felicidad…. Estábamos como dos tortolitos, nos tocábamos mi barriga y hasta incluso pensamos en nombres. Miro las fotos del viaje, y el brillo que tenemos en la mirada es mágico.

La gine me comentó que la primera eco la tenía el miércoles 13 de abril. A. se quedó un poco chof, porque él justo tenía un viaje de trabajo programado y no podría estar presente, y le animé diciéndole que ya le enviaría un whatsapp con el latido…y que me trajera un body de allí, jijijijiji.

Bueno, fueron pasando los días, y yo iba notando algún síntoma (entre la progesterona y tal…), que me llenaba de alegría, incluso señalé en el calendario la fecha probable de parto, y pensaba que me gustaba mucho noviembre como mes de nacimiento de mi hijo. Y sí, digo hijo, porque tuve un presentimiento desde el primer momento que mi embrión era un niño.

Había veces que me hacía tests que tenía por casa porque no me acababa de creer que estuviera embarazada, y cuando salían las dos rayitas…. Buf! Sonreía y me tocaba la tripita.

Mis padres se pusieron como locos de contentos con la noticia. Saben de nuestros problemas y se alegraron muchísimo, pero le metí bronca a mi madre un par de veces porque en cuanto me despistaba se lo contaba a alguna amiga, y le decía que no fuese tan temeraria, que hasta los 3 meses no lo haríamos público. Hasta incluso me dijo de ir a comprarle ya la cunita…

El día 13 de abril está marcado a fuego en mi vida. Ese día mi suegra me acompañó a la primera eco de control (mis padres viven en a unos 100 km y no pudieron venir), y estábamos contentas, risueñas, haciendo algún plan. Me subí al potro, después de recibir la felicitación de la gine, y cuando vio el ecógrafo, le vi la cara y ya se me torció algo.

Su mirada cambió. La médico residente que la acompañaba también puso mala cara. La enfermera de la consulta no apartaba la mirada de la pantalla. Y yo sólo pensaba “NO, NO, NO”. Me tocó la pierna y me dijo: “Lo siento mucho, no hay latido y tampoco tiene la forma adecuada” (lo recuerdo y se me saltan las lágrimas).

Mi suegra no sabía qué decir, yo estaba en shock. No podía creérmelo, pero sabía que era cierto. Los siguientes minutos me comporté como un robot: bajé del potro, me vestí y me derivó a la planta de ginecología del hospital, allí me dieron a escoger: o legrado por aspiración o pastilla. Tuvo el detalle de darme la eco de mi niño, que guardo como oro en paño.

Quise un legrado porque la doctora me comentó que ya no eran tan agresivos como antes, que ahora eran mucho más seguros y que no me harían daño. En el Trueta, mi hospital, me trataron muy bien. Todo el mundo fue muy atento y amable, y aunque estaba en la sala de partos, me metieron en una habitación sola, sin necesidad de cruzarme con ninguna parturienta. Esperé un par de horas yo sola, porque mi suegra se fue a trabajar, no tenía más remedio. Las pasé mirando el techo (blanco), llorando, y tocándome la barriga, despidiéndome de mi niño.

Mi legrado fue un pim-pam. Me desperté en la habitación y me levanté a orinar. Perdí sangre y me puse a llorar como si no hubiera un mañana. La sensación de vacío fue HORRIBLE.

Mi suegra vino a buscarme, afortunadamente pude irme a casa. La gine me vino a ver y me dijo que no me preocupara, que en la siguiente lo conseguiríamos. Y yo sólo podía llorar.

Para colmo, en el hospital mi móvil no tiene buena cobertura, y A. estuvo muchas horas sin saber qué había pasado. Finalmente mi suegra se lo pudo contar cuando salió de allí. Las horas que él pasó solo, en la otra punta del mundo, me pesan mucho.

Al día siguiente (por fin), llegó A. Nos abrazamos y estuvimos llorando un par de horas. Los días que siguieron fueron muy duros. A veces estaba bien, otras veces me subía un llanto amargo y no podía parar. Me pillé 15 días de baja, y pude transitar mi dolor más o menos bien.

Lo bueno que me dejó el aborto fue que me dejó la certeza que me podía embarazar, y qué queréis que os diga, me daba esperanzas para volverlo a intentar. Y nos unió mucho más como pareja a A. y a mí.

Y el resto de la família… mis padres con un disgusto de tres pares de narices. Mis suegros igual. Y mis cuñados son para echarles de comer aparte.

un abrazo y nos leemos ❤

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